- Da un pequeño paso hacia delante con un pie. Mantente completamente relajado y reparte el peso del cuerpo de manera uniforme sobre la planta del pie que queda detrás.
- Siente el contacto de la parte delantera de la planta del pie con el suelo. Tu pie no es pasivo, como si solo te mantuvieras en equilibrio sobre él: te sostiene activamente.
- Empieza a impulsarte suavemente con los dedos del pie que queda detrás. No lo levantes del suelo: inicia el movimiento y deja que la fuerza de los dedos lleve el torso hacia delante. Después, vuelve lentamente a apoyar todo el pie.
- Recuerda que el movimiento sale realmente solo de los dedos de los pies. A menudo tendemos a avanzar con todo el torso. Este debe permanecer relajado y estable, sin dirigir activamente el movimiento hacia delante.
- Asegúrate de que la pelvis permanezca estable mientras te mueves. En la última parte del reto, explicamos cómo hacerlo.
- En cuanto te sientas seguro, aumenta la intensidad del movimiento de forma lenta y constante.
- Repite el ejercicio varias veces con ambos pies.
¡Buen trabajo! Ya puedes pasar a la tercera parte de nuestro reto.