¿A qué velocidad puedes correr? ¿Y a qué velocidad podrías correr si alguien te metiera en un corsé y una falda ajustada? Imagínatelo, señoras y señores. Así se sienten tus pies con el calzado convencional. No están hechos para un diseño estrecho, una punta apretada y una suela gruesa, y mucho menos para un tacón.
Libéralos y deja que empiece la magia. Lo explicaremos con más detalle en este artículo.

Las zapatillas son más de lo que parece. Prepárate para rendir al máximo con zapatillas barefoot.
Transmisión eficaz de la fuerza
El cuerpo humano es como una máquina perfecta impulsada por numerosos estímulos.
Cuando tus pies se impulsan contra el suelo, necesitas que el impulso llegue al lugar adecuado. Debes evitar que una parte o toda esa fuerza se pierda por el camino. Solo puedes lograr una transmisión eficaz cuando las distintas partes de la «máquina» están bien alineadas. Y ahí está el problema.
Los zapatos normales comprimen tus pies en una forma antinatural. Por eso, los distintos segmentos del pie y de toda la extremidad inferior no están bien alineados. No están en un mismo eje, como estarían si camináramos descalzos.
Así, una parte del impulso se pierde a mitad de camino.

Articulaciones centradas: ¿qué son y por qué no las tienes?
Las articulaciones son los puntos que conectan las distintas piezas de esta máquina que llamamos cuerpo. Cuando las piezas están bien alineadas, decimos que las articulaciones están «centradas». Esto significa que el eje de una pieza se conecta con el de otra. Así la fuerza se transmite de forma ideal y todo funciona como una máquina bien engrasada.
Así funciona todo el cuerpo humano.
Cuando la articulación está descentrada y los segmentos no están alineados, surgen problemas:
- Las articulaciones sufren un desgaste excesivo.
- En ese segmento, el cerebro tiene que establecer una tensión desigual para estabilizar la articulación, aprovechar la fuerza y transmitirla al siguiente segmento.
- Todo el segmento es difícil de coordinar porque es inestable y propenso a las lesiones.
- El segmento no está preparado para reaccionar a una carga. La tensión es demasiado baja, por lo que los músculos tardan en reaccionar al cambio, o demasiado alta, lo que los fatiga y les impide rendir plenamente. Basta un pequeño tropiezo para lesionarse.
Así es tu pie. A la izquierda ves un pie con las articulaciones centradas; a la derecha, uno comprimido por un zapato convencional:

Un buen impulso es esencial
Preparados, listos… ¡ya! ¿A qué velocidad puedes salir corriendo? Mucho más rápido si te impulsas sobre una superficie amplia y estable. Seguramente no te sorprenda que un zapato convencional no te ofrezca esa superficie. Necesitas liberar los dedos para que puedan participar en el impulso.

Libera tus pies para impulsarte bien.
El equilibrio empieza en los pies
¿Sabías que el equilibrio viene de los pies? En cuanto te pones de pie con los pies libres, te apoyas sobre una superficie mayor y usas los dedos para sujetarte al suelo. Tienes estabilidad.

¿Qué pie crees que es más estable?
También importa la información que procesa el cerebro. Muchos estudios afirman que el cerebro obtiene casi el 80 % de la información sobre el equilibrio de los pies. Le indican en qué terreno estás, cuánto tiene que tensar los músculos y dónde hay riesgo de lesión.
Cuando te pones zapatos con una suela gruesa, te privas de esa información. De repente, el cerebro no sabe en qué terreno está ni qué le ocurre al pie. Lo peor es que se acostumbra rápidamente a esa «ceguera» y deja de prestar atención por completo a la información de los pies.
En pocas palabras: Una suela gruesa envía información inexacta al cerebro, lo que crea el riesgo de reaccionar de forma inadecuada y lesionarte en una situación inesperada.
Inspira, espira
¿Alguna vez te has quedado sin aliento al correr? Quizá te sorprenda saber que unos zapatos inadecuados y una postura antinatural pueden ser la causa.

¿Qué tienen que ver tus zapatos con la respiración? Te lo explicamos.
Ya hemos mostrado cómo una parte del cuerpo se alinea con otra. Esto se aplica a todo el cuerpo. En cuanto deformes un segmento, se reflejará en tu postura. Cuando ese segmento se alinea, el resto del cuerpo también puede alinearse.
Una marcha sana y natural hará que endereces los hombros, endereces la espalda y abras el pecho. De repente respirarás mejor y correrás con facilidad.
¿Te apetece probar a correr descalzo de forma saludable? Lee nuestros artículos anteriores:
- Correr descalzo: los seres humanos llevan dos millones de años corriendo. Solo en los últimos años los zapatos lo están arruinando. ¿Por qué deberíamos aprender a correr descalzos?
- Cómo empezar a correr descalzo – Una guía para corredores y no corredores
Leerlos te llevará unos minutos, pero podrían cambiar tu vida.
Pero atención: los zapatos barefoot por sí solos no te enseñarán a caminar de forma saludable, solo te darán espacio para hacerlo. Pero caminar bien se puede aprender: descarga el ebook Paso a paso hacia una marcha saludable del fisioterapeuta Lukáš Klimpera.
Zapatos barefoot: más de lo que parece
Si quieres obtener el máximo rendimiento de tu cuerpo, dale espacio. Quítate las zapatillas que te aprietan y ponte auténticos zapatos barefoot.
No todos los zapatos barefoot son iguales. A menudo vemos la etiqueta «barefoot» en zapatos que tienen una suela fina pero una forma convencional. Seguramente ya imaginas que no son la opción adecuada. Sentirías el suelo, pero no darías al pie libertad para reaccionar y moverse con naturalidad.
Lectura recomendada: ¿Qué son los zapatos barefoot? ¿Y son adecuados para TI?

Los zapatos barefoot adecuados dan espacio a tus pies.
Por eso debes buscar también estas características:
- Espacio suficiente para los dedos. Tus pies deben caber incluso cuando separas los dedos.
- Una suela acolchada y flexible. Una suela fina no basta: tiene que adaptarse por completo a tu movimiento.
- Material flexible. Todo el zapato debe moverse siguiendo a tus pies.
- Un zapato ligero. Un auténtico zapato barefoot debe suponerte la misma carga que caminar descalzo, es decir, ninguna. Busca la opción más ligera.
Unos zapatos barefoot saludables (o caminar sin zapatos) literalmente liberarán tus pies. Por fin estarán en una posición natural. Nada impide que los dedos, incluido el pequeño, se muevan; el pie se adapta al terreno y absorbe los impactos con facilidad. No hay mejor amortiguador que el propio pie, pero necesita espacio para funcionar correctamente.
Elige el par adecuado y prepárate para rendir
Libera tus pies y deja que empiece la magia. Ponte auténticos zapatos barefoot diseñados por fisioterapeutas.